Integrantes de los pueblos originarios del Gran Chaco

El Gran Chaco es un territorio transfronterizo entre Argentina, Bolivia, Brasil y Paraguay. Es una región con más de 20 pueblos originarios que cuentan con una amplia diversidad cultural, religiosa y lingüística. El Gran Chaco es el segundo bosque más extenso de Latinoamérica y una de las zonas con mayor deforestación del planeta.

A pesar de esto, El Gran Chaco cuenta con una amplia variedad de ecosistemas. Algunos de ellos son bosques, arbustales, sabanas, pastizales, humedales y esteros. Así, los pueblos originarios del Gran Chaco habitan el sistema boscoso continuo más grande y biodiverso de América del Sur, después de la Amazonía.

Además, el Gran Chaco tiene un tamaño de cuatro veces la superficie de Alemania, lo que le permite albergar alrededor de 50 ecosistemas diferentes. De esta manera, los pueblos originarios de esta zona coexisten con diferentes especies. Entre ellas están jaguares, corzuelas, pecaríes (chanchos de monte), charatas y hasta el tatú carreta, que es un armadillo gigante.

¿Quiénes son los indígenas del Gran Chaco?

El Gran Chaco tiene una diversidad de grupos étnicos que destacan desde el punto de vista social y cultural. Estos pueblos originarios y criollos conviven en los mismos territorios desde siglos atrás, haciendo uso del suelo de formas diferentes, muchas veces incompatibles.

De manera que, en el Gran Chaco, habitan pueblos originarios como los Wichí, Toba Qom, Mocoví (Moqoit), Pilagá, Guaraní, Ava Guaraní, Sanapá y Enxet Sur. El modo de vida de estas tribus está directamente relacionado con el bosque. De hecho, desde antes de la colonización española, la cacería y la recolección de frutos formaban parte de sus actividades de subsistencia.

Mujeres de los pueblos originarios del Gran Chaco

Foto: Nativa

Por otro lado, ‘pedir permiso’ es una de las prácticas culturales que define la relación de los pueblos originarios del Gran Chaco con su entorno. Por ejemplo, para los Chanés, la expresión “Opaite Iya” quiere decir “todo tiene un dueño”. Consecuentemente, la tribu considera que se debe pedir permiso a la arcilla, la madera, el bosque, el río, entre otros, para hacer uso de ellos.

¿Qué está pasando con los pueblos originarios de esta región?

La introducción de la ganadería y el monocultivo por parte de los criollos generó conflictos con respecto al uso del suelo y tenencia de la tierra en El Gran Chaco. Esto es desde el siglo XVII. Los pueblos originarios de la zona expresan ser objeto de un modelo esencialmente extractivo que se vale de técnicas no apropiadas para el ecosistema. Además, recalcan que no se considera el aprovechamiento de sus bienes culturales.

En 2006, estas comunidades hicieron pública una declaración para los gobiernos de Argentina, Bolivia y Paraguay. Allí, denunciaron que una vez más están siendo objeto de una fuerte invasión. “Se nos engaña con promesas de títulos que nunca se entregan, mientras nuestras tierras se siguen vendiendo y se nos amenaza con desalojos (…). Nuestras comunidades y territorios siguen siendo avasalladas (…) por grandes empresas que invierten mucho dinero y se llevan mucho más”.

Deforestación en el Gran Chaco

Foto: ENDEPA

Las tribus denunciaron que los bosques son quemados para la siembra de soja transgénica e ingenios azucareros. Así mismo, que los aserraderos se llevan las maderas, mientras sus derechos son desconocidos e ignorados por gobiernos y particulares.

¿Dónde viven los mocovíes?

Los mocovíes son uno de los pueblos originarios del Gran Chaco en Argentina. Originalmente, los mocovíes eran habitantes de los márgenes del río Bermejo, donde eran cazadores y recolectores. Con la llegada de los españoles y la introducción de caballos a su cultura, la tribu adoptó rápidamente prácticas ecuestres.

Paradójicamente, el dominio del caballo les permitió resistir la invasión de los españoles y a los procesos de ocupación sistemática del Estado, que se empieza a dar en Argentina desde finales del siglo XIX. No obstante, su circulación en el Gran Chaco se vio limitada por la guerra, la llegada de ingenios de algodón y su explotación para mano de obra.

Actualmente, los mocovíes habitan en comunidades en el sur de la provincia de Chaco y en el centro y norte de la provincia de Santa Fe en Argentina. En el caso de Santa Fe, los mocovíes ocupan espacios semi rurales y/o periférico-urbanos.

Deforestación: Impacto social en los pueblos originarios del Gran Chaco

El 22 por ciento de la superficie de Argentina corresponde a la ecorregión del Gran Chaco. Total o parcialmente, el Gran Chaco abarca trece provincias del norte de este país. Es así que, en Argentina, la deforestación de este bosque ancestral está afectando la vida de los mocovíes y otros pueblos originarios de la zona.

Foto: Greenpeace

Si bien, los pueblos originarios del Gran Chaco argentino tienen reconocidos sus derechos de propiedad en el sistema legal del país, la realidad es otra. La expansión del cultivo de soja ha generado un fuerte proceso de deforestación por los desmontes para el monocultivo. Por consiguiente, las comunidades indígenas son desplazadas hacia los centros urbanos.

Adicionalmente, la venta de títulos de las tierras para fortalecer los capitales privados, que llegan al Gran Chaco a explotar madera, también impactan. Entre 1999 y 2005, la provincia del Chaco en Argentina traspasó más de un millón de hectáreas de tierras fiscales a manos privadas. La mayoría de estas tierras eran superficies con bosques nativos.

El Gran Chaco, uno de los lugares del mundo más amenazado por la deforestación

El Gran Chaco está entre los once lugares donde se concentra el 80 por ciento de la deforestación del mundo. La tala insostenible, los incendios forestales, la ampliación de la frontera agrícola para producción a gran escala y la minería son algunas de las causas.

Ante este panorama, muchos expertos han manifestado que este bioma cada día se acerca un poco más a su fin. En 2018, en solo un mes, se perdió en el Gran Chaco un área dos veces el equivalente de la ciudad de Buenos Aires. Se estima que, para el 2028, se podrían perder cuatro millones de hectáreas más, si no se toman acciones de protección.

Luego, la falta de protección ambiental también contribuye a la deforestación indiscriminada en el Gran Chaco. Argentina cuenta con 60 millones de hectáreas de este bosque y solo el cuatro por ciento está declarado como área protegida. De este modo, el 30 por ciento de este bosque nativo ha sido transformado en área de cultivo o pasturas ganaderas. A esto se suma que, en 2019, se perdieron más de 60 mil hectáreas por incendios forestales en la frontera de Bolivia, Brasil y Paraguay.

La conservación del bosque desde los pueblos originarios

Los bosques como el Gran Chaco son vitales para la economía y la salud de la humanidad. Los bosques son fuente de aire, albergan la mitad de las especies terrestres del mundo y son fuente del 75 por ciento del agua dulce. Además, son importantes sumideros de carbono, y son claves en la lucha contra la crisis climática.

Los pronósticos indican que América Latina sufrirá las mayores afectaciones por el cambio climático. Incluso, la región ya está viviendo las peores sequías en 50 años en la Amazonía. Por lo tanto, conservar la biodiversidad es clave para mitigar los efectos que acarrea la emisión de gases de efecto invernadero. Es por ello que los pueblos originarios, como los del Gran Chaco, tienen mucho que aportar.

Mujer de los pueblos originarios del Gran Chaco

Foto: Slow Food

Por ejemplo, las mujeres wichí lograron cultivar la planta chaguar cerca de sus casas. Esta planta es una materia prima para sus artesanías. Esto es todo un logro, ya que hasta ingenieros fracasaron en reforestar el chaguar. Sin embargo, la técnica de estas mujeres ya se está replicando en otros pueblos originarios del Gran Chaco de Bolivia y Paraguay. Ellas están salvando una especie amenazada desde el cooperativismo.

Administrar los bosques de manera sostenible es la clave. Por ende, los pueblos originarios, como los del Gran Chaco, deben ser empoderados y apoyados. Respaldando sus esfuerzos por asegurar los derechos sobre sus tierras y el cuidado de sus culturas, los bosques tienen una oportunidad de recuperarse.