Una marca argentina crea vajilla 100% biodegradable con cascarilla de café
ODA Biovajilla es una marca argentina de vajilla biodegradable en la que utilizan cascarilla de café, un residuo gastronómico al que dan otra oportunidad.
ODA Biovajilla es una marca argentina de vajilla biodegradable en la que utilizan cascarilla de café, un residuo gastronómico al que dan otra oportunidad.
El mundo se está preguntando qué hacer con el plástico. Son más de 450 millones de toneladas anuales las que se producen en el mundo y su degradación puede demorar entre 500 y 1000 años. A pesar de la falta de acuerdos a nivel diplomático para detener esto, muchas iniciativas ya se llevan adelante para contrarrestar uno de los principales focos de contaminación: ODA Biovajilla es una de ellas, una marca argentina que produce vajilla 100% biodegradable hecha a partir de descartes de la industria gastronómica.
Esta propuesta de economía circular, que surgió ante la necesidad de reemplazar la vajilla de plástico, que tras un solo y efímero uso se desecha a la basura, fue idea de cuatro amigos diseñadores industriales, Juliana Campanelli, Clara Cappetta, Paula Vita y Guido Ventura. Dieron vida a este emprendimiento allá por 2017 con una propuesta de valor útil, práctica y sostenible: que se puede compostar o devolver a la tierra después de usarse y, lejos de demorar más de 5 siglos en descomponerse, tarda solo 4 semanas.
A pesar de haber trabajado con otros residuos alimenticios en el pasado (como la cáscara de papa), hoy los productos que fabrica ODA Biovajilla son todos hechos a partir de la cascarilla de café (una especie de piel que recubre el grano de café y que se descarta en el proceso de producción).
“Hay momentos en los que no tiene sentido que uses un plato que tarda 500 años en degradarse para algo que lo vas a comer en 15 segundos y lo vas a tirar a la basura”, explica Guido.
¿Cuál fue el disparador inicial para comenzar con el proyecto?
Nos gustaba la gastronomía y nos gustaba la sustentabilidad, entonces empezamos por ahí. Fue un poco por casualidad, porque una de las socias de ODA es chef, entonces ahí teníamos información. Después nos fuimos encontrando con los biomateriales por necesidad, porque queríamos trabajar en el sector gastronómico. No queríamos trabajar con comida, o sea, no queríamos hacer un plato comestible como las bandejas de masa, y encontramos el descarte del sector.
En el primer momento fue cáscara de papa porque encontramos eso como una posibilidad. Y ahí empezamos a descubrir lo que en ese momento ni sabíamos que eran los biomateriales. No existía mucha bibliografía. Fue mucho de investigación y de encontrarnos con la problemática y con las soluciones. Después fuimos conociendo más el mercado y entendiendo cuáles eran las necesidades y por qué tenía que ser un producto hecho de manera industrial para tener un alto impacto y en dónde podíamos trabajar para lograrlo.

Se adentraron en un rubro que trabajaba con grandes volúmenes de vajilla de plástico. ¿Con qué panorama se encontraron?
La verdad es que no encontramos nada nuevo. No es que encontramos algo que otras personas no hubieran visto ya. Lo que pasaba es que íbamos mucho a festivales de música y veíamos los tachos de basura que rebalsaban de bandejas de plástico. Ahora ya han cambiado las cosas, pero en ese momento todavía seguía bastante presente el plástico en esos eventos. Decíamos: “Hay algo acá que no cierra”. Pero como te digo, no es que nosotros descubrimos algo especial, sino que una vez que uno abre los ojos y está un poco más atento a ese tipo de cosas, empezás a ver sistemas que no funcionan, cosas que no tienen sentido.
Nosotros no estamos en contra de la utilización del plástico, hay momentos en los que se necesita y en los que resulta mucho más útil que nuestro producto incluso. Pero después hay otros momentos en los que no tiene sentido que uses un plato que tarda 500 años en degradarse para algo que lo vas a comer en 15 segundos, lo vas a tirar a la basura y te vas a ir a ver a tu banda favorita. Entonces, es con esa lógica que nosotros entendimos al bioproducto como biobasado, biodegradable y compostable.
¿Hay algún rubro en donde el uso del plástico sea más intenso que en otro?
Comenzamos por los eventos masivos gastronómicos. En ese momento, en Buenos Aires existía Masticar, un evento importante de gastronomía. Y nosotros ahí dijimos: “Acá hay algo”. Eso sigue siendo así en muchos casos. Hay eventos corporativos muy grandes, hay convenciones, incluso hay fábricas que tienen comedores que siguen utilizando envases descartables y ahí hay un nicho. Pero después, una vez entrados en el mercado, hablando con clientes y proveedores, nos dimos cuenta de que también hay, sobre todo a partir de la pandemia, un bache importante en el envío a domicilio, el takeaway. Ahí hay mucho para trabajar y para mejorar.
Después de probar con tantos residuos, ¿cómo llegaron a la cascarilla de café?
En 2021 hablamos con un productor de café, dueño de una red de cafeterías en todo el país y Latinoamérica, y le encantó lo que hacíamos. En un principio lo habíamos contactado para trabajar con la borra de café y no tuvo problema, pero también nos habló de la cascarilla. Nos dijo: “Tengo este otro descarte, y tengo que pagar un montón de plata para poder llevarlo a un basural porque es un descarte industrial. No me sirve y no sé qué hacer con esto”. Para nosotros fue un gol.
Empezamos a investigar sobre sus propiedades y su forma de producción y era ideal, porque la cascarilla es un descarte del proceso de tostado que queda seca y embolsada. Y encima está concentrada en el área metropolitana de Buenos Aires, que es donde estamos nosotros, por lo que también la huella de carbono era mucho menor en el transporte. Aprovechando la misma logística de los productores, la traíamos para nuestro taller.
¿Los productores de café ven a ODA Biovajilla como una solución frente a los desechos que generan y con los que no saben qué hacer?
La mayoría de las veces sí, se acercan a nosotros como una posible solución. Lo cierto es que la realidad económica y productiva de la Argentina hace que sea bastante complicado eso, porque muchas veces tienen que realizar una inversión inicial para poner a punto la materia prima, cambiar la logística o sus pasos productivos como para adaptarlo a nosotros. Entonces es un riesgo adaptarse a una lógica nueva, tener el tiempo y la capacidad para poder hacerlo.
No son muchos los casos, pero los casos en que sí se pudo hacer la verdad es que son virtuosos. A quienes se encargan de sus descartes y les dan una segunda vida en general les vuelve; aunque sea en marketing, de alguna manera les vuelve y es positivo. Cuando hablamos de triple impacto hablamos de impacto ambiental pero también social y económico, entonces entendemos que son apuestas.
¿Además de ustedes y de los productores, hay algún otro actor más en la cadena?
No en la cadena pero sí trabajamos en red con otros fabricantes de bioproductos que hacen vasos o cubiertos. En todo el país hay emprendedores de este tipo y siempre estamos en contacto con ellos. También con consultores medioambientales o de empresas de triple impacto.

¿Cómo recibe el público la idea de una vajilla que está hecha de un residuo?
Las respuestas que hemos tenido del público en general siempre han sido positivas o, sino, neutras, algo que para nosotros también es positivo.
¿Por qué?
Cuando la gente va a un evento no está pensando en el plato en donde le van a servir la comida, sino que está pensando en la comida que le van a servir. Entonces, cuando en un evento vemos que la gente está usando nuestro producto y no le está prestando atención, es muy bueno. Porque a nosotros lo que nos interesa en última instancia es que la gente sea sustentable y que no se esté dando cuenta de que está siendo sustentable. Que se incorpore nuestro producto a un sistema desde adentro.
No queremos hacer un producto, y de hecho así lo diseñamos, que les modifique los hábitos o que necesariamente tengan que hacer algo diferente a lo que hacían antes para ser más sustentables o para que funcione. Por supuesto que trabajamos con los organizadores del evento para asesorarlos en la naturaleza de nuestra vajilla y cómo se tiene que descartar para que cumpla su ciclo final. Pero a nosotros nos encanta cuando no le dan atención a nuestro plato y lo usan como un plato normal.
Simplificar su uso y consumo
Sentimos que una de las soluciones para todo este problema que es el cambio climático en general, es hackear el sistema desde adentro. Parece de película, pero lo entendemos de esa manera. No queremos que tengan que hacer mil pasos más para tener nuestro producto. Queremos que, en vez de comprar un plato de plástico, cartón o de bambú de China, que hablen con nosotros, lo compren y después lo usen de una manera normal. Que lo tomen de una caja, que lo apoyen, que lo muevan, que lo tiren. No es un producto frágil, es resistente.
¿Cómo es el descarte de este tipo de vajilla?
Se descarta de la misma manera que un plato de cartón, por ejemplo. No es un descarte que necesita compostaje industrial, porque desarrollamos la receta para que sea compostaje en tierra o doméstico. Entonces no necesita condiciones especiales para terminar su compostaje. Por eso es que dura cuatro semanas y por eso es que hacemos la declaración de que no tiene aditivos químicos, justamente para que pueda ser compostable en tierra.
Si no hago compost en mi hogar, ¿dónde puedo desecharla?
Podés romperla lo más posible y colocarla en una maceta. Funciona perfecto. Otra alternativa es llevarla a una compostera comunitaria, que en muchas ciudades del mundo existen. Sino, también podés ir a la calle y tirarlo en la tierra. Se comporta como cualquier material orgánico que arrojes a la tierra y al ratito ya desaparece.
¿Qué tipo de productos fabrican?
Tenemos una línea de productos que son platos bandeja. Tenemos un plato grande, que es el base. También tenemos un plato de tapeo, que es para bocados. Y dos tipos de salseros para cosas más pequeñas. Ya hemos investigado cómo hacer takeaway y cómo hacer vasos, ya tenemos la tecnología desarrollada.
¿Cómo es el proceso de producción?
La innovación está en el proceso productivo y en la red circular que hemos desarrollado. Y también en la receta de nuestro producto. Mezclamos la cascarilla de café con un aglutinante biodegradable que creamos nosotros. Con eso armamos una masa que depositamos en una matricería, que también desarrollamos nosotros. Y con calor y presión, se conforma el plato. Después lo secamos en un horno para quitarle toda la humedad y que pueda ser estable en una caja.
¿Notan un cambio en la mentalidad de empresas y organizadores de eventos respecto al uso de vajilla descartable?
Seguro. Como te comentaba al principio, nosotros empezamos hace muchos años ya, y en aquel entonces el panorama era completamente diferente. No tanto de la industria, porque la industria si pudiera seguir con las tendencias con las que lo hacía antes yo creo que lo haría, por cuestiones lógicas y por cómo funciona el sistema de comercio.
Pero lo que sí ha cambiado es el público. La gente pide otra cosa, le causa rechazo el plástico, le resulta barato. Barato no en precio de adquisición, sino en calidad percibida. Y eso a los clientes no les gusta. Entonces ya los organizadores de eventos plantean no utilizar el plástico como un requisito básico. En la mayoría de los casos no sucede, pero en aquellos eventos que sí marcan tendencia y que marcan un camino a seguir, diría que ya está establecido que el plástico de único uso no está permitido.

¿Y cómo crees que logran adaptarse estas empresas?
Hacen lo mejor posible. La mayoría de las veces no alcanza. A veces son productos que están buenos pero que vienen de muy lejos, entonces tu huella de carbono es más grande que la de un producto normal de acá. Es muy difícil sortear las cuestiones de la sustentabilidad en envases descartables o en productos como el que hacemos nosotros, cuando ese producto es una de las últimas cosas en las que se piensa para organizar un evento.
Por eso hablaba de hackear el sistema, porque sabemos que es muy complejo tener una empresa y que organizar un evento es algo muy complejo, son muchos los factores que tienen que manejar. Ser sustentable es difícil, no es fácil, y son muchas cosas en las que hay que pensar. Entonces ahí es donde nosotros entramos y decimos: “No quiero que pienses mucho. Nosotros nos encargamos de resolver este problema para que tengas un producto de calidad que represente tu empresa, que represente tus valores y que sea un producto lindo a la mano de tus clientes”.
Es interesante ver cómo el cambio en los hábitos de consumo de las personas exige nuevas respuestas, soluciones y experiencias. Una exigencia de abajo hacia arriba que motoriza el cambio
Ya las nuevas generaciones ven que es una cuestión de tener futuro. Que no hay futuro si seguimos con las mismas prácticas, y que queremos sobrevivir. Entonces se pone en juego lo primitivo también, revisando prácticas que ya no tienen sentido y que las podemos hacer más fácil y mejor, y que ayudan a mejorar nuestra situación. Me parece que hay algo muy básico en ese sentido.
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