La historia del Parque Lineal Tiquatira en Brasil: de vertedero a ecosistema urbano

En San Pablo, Brasil, hace 21 años que Helio da Silva planta árboles. Así surgió el Parque Lineal Tiquatira que hoy tiene 41 mil árboles.

En la ciudad de San Pablo, en Brasil, existe un oasis ambiental que rompe completamente con la intensa dinámica de urbana de las más de 12 millones de personas que viven allí. Es el Parque Lineal Tiquatira, uno de los más grandes de Sudamérica y único en su especie por una peculiar razón: fue construido por un solo hombre.

El panorama actual del Parque Lineal Tiquatira es que ha logrado despojarse por completo de un pasado totalmente diferente y desolador. Donde hoy se levanta una gran área boscosa, que tiene más de 3 kilómetros de largo y 100 de ancho, antes supo ser un enorme terreno olvidado.

Ubicado entre dos grandes avenidas, ese terreno era la antítesis del mundo que sucedía a sus costados. La vida en San Pablo circulaba a su alrededor, mientras el parque solamente persistía en una pausa eterna. Era utilizado como vertedero, estaba repleto de basura, degradado y sucio. Incluso se había vuelto una zona peligrosa de transitar. Hasta que Helio da Silva creyó que era hora de cambiarlo.

El plantador de árboles que construyó un parque en medio de la ciudad

Hoy, a sus 73 años, Helio da Silva es conocido como el hombre que le dio vida al Parque. O, mejor dicho, como el “plantador de árboles”. Es un buen nombre para recordarlo, ya que explica la tarea de este ciudadano brasileño en el sentido más literal de la palabra. Desde hace 21 años que Helio da Silva planta árboles. Allí, en ese lugar que supo ser tierra olvidada y que hoy es un inmenso ecosistema compuesto por 41 mil árboles de 160 especies distintas y 45 especies de aves. Un gran refugio verde en medio de la megalópolis paulista.

“Esto fue construido por un loco. Un visionario. Un tipo que quería dejar un legado a la ciudad que lo acogió”, dice da Silva, despojado de todo interés de prevalencia. Él, lo que quiere, lo único que siempre quiso, fue devolverle vida verde a San Pablo, en un acto totalmente genuino y desinteresado.

Con esa obstinación fue que comenzó, sin previo aviso, a plantar uno, y otro, y después otro árbol en aquel descampado. Los 41 mil que conforman hoy el Parque Lineal Tiquatira son fruto de esa fuerza de voluntad y un trabajo tan solitario como artesanal que, aun así, todavía no termina: la meta que se propuso Helio es llegar a plantar 50 mil.

Siempre con la directriz, claro, de cumplir con un criterio que no se negocia. Cada 12 árboles, uno debe ser frutal. ¿Para qué? Para atraer a los pájaros.

Parque Lineal Tiquatira, uno de los más grandes de Sudamérica

créditos: Helio da Silva

Parque Lineal Tiquatira: una inversión de 20 años

Era noviembre de 2003 cuando da Silva caminaba junto a su esposa por esa zona. El estado de situación de lo que en ese momento era un sucio vertedero lo movilizó demasiado como para no hacer nada. Tanto, que ni siquiera pidió permiso al gobierno local. Al día siguiente llegó para poner su primera semilla.

Quienes sí le advirtieron fueron sus familiares. ¿Meterse con un terreno tan hostil y desesperanzador como ese? “Sí”, pensó como si conociera de antemano cuál sería el resultado final. Sin embargo, el resultado inicial fue un tanto más complejo.

Decidido, compró los primeros 200 tallos y los plantó. Se los arrancaron a todos. Apenas un tropezón para Helio da Silva, que volvió a comprar y plantar otros 400 tallos nuevos. Otra vez, se los volvieron a sacar de cuajo. Pero lo de Helio da Silva iba en serio, y durante los siguientes 4 años logró sortear el obstáculo: plantó 5000.

Al quinto año, el gobierno local reconoció su labor y decidió darle entidad. Así fue como se inauguró, formalmente, el Parque Lineal Tiquatira. Dice da Silva que el dinero para los árboles salió siempre de su bolsillo. Por año gasta unos 40 mil reales, pero para él eso no es un problema: “Es la mejor inversión que he hecho en mi vida”.

Espacios verdes en zonas urbanas, un activo innegociable

En efecto, y aunque quizás parte de la población de San Pablo no lo sepa, el trabajo de Helio representa un gran beneficio y una gran inversión para la ciudad. No en términos económicos, pero sí ambientales y humanos. Los espacios verdes en zonas urbanas ayudan a disminuir la temperatura ambiente, descomprimiendo así la isla de calor urbana y creando lugares más frescos, además de favorecer la actividad física y recreativa de las personas, acciones fundamentales para el cuidado de la salud.

Por otra parte, los árboles son capaces de almacenar dióxido de carbono y, al mismo tiempo, liberar oxígeno. Según la ONU, los parques, los espacios verdes y los cursos de agua son importantes espacios públicos, que ofrecen soluciones a la repercusión de la urbanización rápida y poco sostenible en la salud y el bienestar.

Parque Lineal Tiquatira, uno de los más grandes de Sudamérica

Créditos: Helio Da Silva

Plantar árboles, construir un parque urbano, dejar un legado

Helio da Silva comenzó sin otra pretensión más que ofrecerle a San Pablo un lugar donde respirar aire fresco, entrar en contacto con la naturaleza, caminar y, claro, disfrutar así de la ciudad.

“Esto es legado. ¿Sabes qué estoy dando a San Pablo? Todo lo que San Pablo me dio. Me dio oportunidades, trabajo, es una ciudad linda, maravillosa. Yo estoy apenas retribuyéndole  todo lo que San Pablo me dio: estudio, trabajo, hijos, esposa, nietos. Lo mínimo que podía darle a esta ciudad maravillosa era esto de aquí. Un legado”, dice.

Con obstinación empezó una tarea que parecía titánica (y vaya que lo fue), pero que arroja hoy resultados impagables. Él lo asocia a la cordura: “Se necesitan más locos. No locos por dinero, locos por ego, locos por poder. Locos por la naturaleza”.