Erosión del suelo: qué es, causas y consecuencias
La erosión del suelo es un proceso de desprendimiento, transporte y pérdida de las partículas del suelo que disminuye su fertilidad.
La erosión del suelo es un proceso de desprendimiento, transporte y pérdida de las partículas del suelo que disminuye su fertilidad.
Desde hace años, organismos internacionales y sociedad civil vienen advirtiendo sobre la paulatina erosión del suelo. Un fenómeno que, a nivel mundial, se expande sin reconocer, por ahora, mecanismos más efectivos para regularla.
Cada 5 de diciembre se celebra el Día Mundial del Suelo, una estrategia impulsada por la ONU que busca concientizar sobre esta amenaza que tiene efectos en la naturaleza y en la vida humana.
En 2025, el lema elegido por el organismo es “Suelos sanos para ciudades saludables”, en una estrategia que tiene una clara dirección, que es destacar la relación directa que existe entre el desarrollo urbano y las consecuencias que trae su expansión desmedida y sin evaluaciones de impacto. Un suelo lastimado es una fuente de problemas para todos.
El ser humano, que suele verse como un protagonista secundario y con efectos colaterales de poca urgencia ante los sacudones de la Tierra, se ve fuertemente afectado por una variable esencial: la comida. El 95% de los alimentos que consume la humanidad, proviene del suelo.
Evitar la erosión desmedida es entonces fundamental para seguir manteniendo la producción necesaria para alimentar a toda la población, pero también para contrarrestar el dilema de las 2000 millones de personas que sufren deficiencia de micronutrientes (conocida como “hambre oculta”) por la mala calidad nutricional a causa de un suelo degradado.
Qué es la erosión del suelo y por qué tiene impactos negativos
Como primer punto, la erosión del suelo es un proceso que ocurre de manera natural. No es algo estrictamente problemático por sí solo; se vuelve problemático y peligroso cuando el proceso se acelera, producto de distintas actividades humanas que lo potencian.
La erosión del suelo es un proceso de desprendimiento, transporte y pérdida de las partículas del suelo, lo que provoca una degradación de la capa superficial y disminuye su fertilidad.
Este proceso tiene impactos negativos porque reduce la capacidad del suelo para sostener vida y actividades humanas. Cuando la capa fértil desaparece, se resiente su productividad agrícola y se compromete la seguridad alimentaria.
Además se altera el ciclo hidrológico: aumenta el flujo de agua sobre el terreno, reduce la infiltración y favorece las inundaciones. A largo plazo, el corolario es desertificación, pérdida de biodiversidad y, lógicamente, costos económicos para sanear o sobreponerse a estos efectos.

créditos: Unsplash
La ONU aborda este fenómeno en el objetivo 15 de sus Objetivos de Desarrollo Sostenible en la Agenda 2030. Allí explica:
“A escala mundial, una quinta parte de la superficie terrestre del planeta está degrada, un área casi del tamaño de la India y Rusia juntas. La degradación de los suelos empuja a las especies a la extinción e intensifica los efectos del cambio climático”.
Tipos de erosión del suelo
El fenómeno de degradación en el terreno tiene distintas acepciones, pero en las grandes categorías generales se encuentran:
– Hídrica: el suelo es removido por acción del agua
– Eólica: pérdida del terreno ocasionada por el viento
– Gravitacional: es la que se genera por la fuerza de la gravedad, como derrumbes, caída de rocas u otros movimientos en masa
– Glacial: se genera por el movimiento de los glaciares
La actividad humana, elemento potenciador
A los tipos de suelo mencionados, la actividad humana actúa como acelerador. No es un agente erosivo, sino un potenciador de los agentes ya existentes, como el agua, el viento, la gravedad y el hielo.
Las actividades insostenibles que alteran el equilibrio natural del suelo son el pastoreo excesivo, la agricultura desmedida, los cambios inadecuados en el uso de la tierra, la deforestación y la mala planificación de desarrollo urbano.
La FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) advierte que “las tasas de erosión del suelo son mucho más altas que las tasas de formación del suelo, lo que significa que su pérdida y degradación no es recuperable durante la vida humana”.
– Pastoreo excesivo: si el ganado consume más vegetación de la que el suelo puede regenerar, se reduce la cobertura vegetal y las raíces que lo sostienen. Esto deja a la tierra expuesta a los golpes del viento y el agua.
– Agricultura desmedida: en un caso similar al anterior, la estructura del suelo no aguanta el porcentaje de labranza así como tampoco los monocultivos. Su capacidad para ofrecer nutrientes y minerales se debilita.
– Cambios inadecuados en el uso de la tierra: transformar bosques en áreas agrícolas o urbanas sin una planificación sostenible elimina la protección natural del suelo.
– Mala planificación del desarrollo urbano: la expansión de la ciudad sin criterios de manejo ambiental, como drenajes adecuados, protección de pendientes o mantenimiento de la cobertura vegetal, favorece las inundaciones y deja a los ciudadanos a merced de impactos climáticos.
– Deforestación: el desmonte de los árboles quita la cobertura que sostiene los impactos de la lluvia.
El problema de la deforestación y los suelos desmontados
Para ser llevadas adelante, muchas de las actividades mencionadas anteriormente precisan de un suelo sin árboles. Es decir: necesitan deforestar. El desmonte de la cobertura de los bosques es una de las grandes preocupaciones en la actualidad, a partir de los feroces avances a los que se ven sometidas inmensas regiones verdes que son fuentes irreemplazables de biodiversidad del planeta.
América Latina, un pulmón verde mundial de reconocidos sitios como la Amazonía, el Bosque Atlántico, el Gran Chaco Americano o el Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya, es testigo de estos desafíos.
Por caso, una de las zonas de la región en donde la deforestación más rápidamente ha crecido en el último tiempo es el Bosque Chiquitano, en Bolivia.
La ONU explica que la pérdida de los bosques, que cubren más del 30% de la superficie del planeta y albergan más del 80% de todas las especies terrestres de animales, plantas e insectos, implica la desaparición de los medios de subsistencia en las comunidades rurales y el aumento de las emisiones de carbono. Además de la lógica pérdida de biodiversidad, claro.

Créditos: Unspalsh
Las soluciones están en las prácticas sostenibles
En este marco, las respuestas para frenar la erosión del suelo surgirán a medida que se adopten prácticas sostenibles a aquellas actividades humanas que potencian la problemática.
Existen muchos y diversos esfuerzos en todo el mundo, por parte de organizaciones no gubernamentales, asociaciones civiles y organismos internacionales que trabajan diariamente para introducir manejos ambientales sustentables. Aun así, la voluntad política en la toma de decisiones es menester.
La reforestación y protección de áreas naturales son esenciales para recuperar terreno perdido. La rotación de los cultivos y el uso responsable del suelo, así como también la regulación de productos químicos, pueden conservar la fertilidad de la tierra. Asimismo, una planificación urbana que contemple la conservación suficiente del ecosistema natural permitirá tener ciudades más resilientes y poblaciones menos impactadas por los efectos climáticos.
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