COP30 en Brasil: por qué importa y cuál es el rol de América Latina
La COP30 será en Brasil en noviembre 2025. Enrique Maurtua Konstantinidis, Consultor Senior en cambio climático, explica su importancia.
La COP30 será en Brasil en noviembre 2025. Enrique Maurtua Konstantinidis, Consultor Senior en cambio climático, explica su importancia.
Cada año, en un país del mundo diferente, se celebra la COP (abreviatura de “Conferencia de las Partes”), el evento sobre cambio climático más importante. Allí se reúnen a representantes de prácticamente todos los países del mundo para discutir y negociar medidas para combatir el cambio climático.
En noviembre 2025 será el turno de la COP30 y será en Brasil, es decir que por primera vez en 9 años el evento volverá a realizarse en América Latina, lo que tendrá un impacto en en la región.
El argentino Enrique Maurtua Konstantinidis, Consultor Senior en cambio climático que participa regularmente de las COP desde 2004, explica el trasfondo de las negociaciones entre los países, el potencial de la región latinoamericana, el rol creciente de la juventud y el multilateralismo como herramienta para el consenso. “Este año tienen que dejarse resueltos temas relacionados a financiamiento, adaptación y transición justa”, detalla.

Activistas en la COP29
¿Por qué es importante saber y entender de qué se trata la COP?
Cuando hablamos del cambio climático y del problema en general, es un problema de características globales, planetarias. Esto implica que un problema de esta magnitud no lo puede resolver un país. Ni siquiera un grupo de países. Es necesario que todos los países estén involucrados para poder atender los problemas del cambio climático. La solución, las consecuencias, los impactos. Entonces, ahí es donde entra en juego una institución como Naciones Unidas. Es muy importante reconocer eso. Que, justamente, esto se trata de una negociación que busca que la cooperación internacional y que el trabajo alrededor de la acción climática esté funcionando desde el punto de vista de la cooperación. O sea, nadie se salva solo. La salida es colectiva. De eso se trata también el espíritu del multilateralismo y de las COP en general. Poder atender un problema global con todas las partes que están involucradas en el mundo.
¿Cuál es el grado de importancia que le dan los países a la COP? Cualquiera podría pensar que la verdadera toma de decisiones ocurre por fuera de eventos de esta escala.
La convención se maneja por consenso. Eso significa que, si lo ponés en términos positivos, todos los países tienen que estar de acuerdo a la hora de tomar decisiones. O podés ponerlo en otros términos, y es que cualquier país tiene el derecho de bloquear una negociación. Porque puede romper el consenso y bloquearlo. Y por eso la negociación también es compleja. Porque la regla es que se define por consenso. Ahora, eso es lo formal y las reglas del juego. Después están las dinámicas de poder que pueden existir y que existen en la realidad entre todos los países. Porque no nos olvidemos que, al estar todos los países involucrados, estamos hablando de que todos los países tienen vínculos. Conflictos armados entre algunos. O sea, hay un montón de cosas que empiezan a entrar en juego. Por eso también es tan importante el rol de los cuerpos diplomáticos. Porque son los que no solamente miran las cuestiones técnicas ambientales, sino las dimensiones geopolíticas de todo esto.
Si tomamos a la COP como un termómetro del compromiso mundial ante el impacto climático, ¿qué marca hoy ese termómetro?
El mundo no está en línea con el objetivo del 1,5°. Ese es el objetivo del Acuerdo de París, el objetivo de las negociaciones, lo que tendría que ocurrir para ir en línea con un clima… atendible, porque no significa que vamos a solucionar el problema de cambio climático sino que vamos a poder atender los impactos, probablemente. El mundo no está en esa línea. ¿Está yendo a contramano? Tanto como a contramano no, porque hay cosas que están ocurriendo, pero queda mucho por hacer.
¿El mundo debería estar preocupado por lo que pueda llegar a decidir Estados Unidos teniendo en cuenta la conocida postura de Donald Trump sobre el cambio climático?
El mundo ya pasó una presidencia de Trump. Eso también hay que recordarlo. Estados Unidos ya tuvo a Trump presidente, ya implementó un montón de políticas en contra, y por lo relevante que es Estados Unidos para todo esto, está claro que genera un impacto. Ahora, eso no debería frenar a los demás. Esa es la lógica que hay que usar. Tampoco voy a subestimar, no es que no pasa nada. Sí, impacto genera. Esta vez los impactos de las políticas que está tomando, los impactos de las decisiones que está tomando Estados Unidos son más fuertes. Pero bueno, eso es una decisión de Estados Unidos, y es un solo país. Es un país muy significativo, no hay que despreciar ni menospreciar lo que hace o no hace. Pero el mundo sigue adelante. China está liderando muchísimas iniciativas, toda la tecnología china va en línea con lo que es transición energética y cuando hablamos de volúmenes en China, es un montón.
¿Cuáles son las claves de una COP? ¿Qué es lo que hay que lograr que suceda?
Cada COP tiene su agenda propia. A veces hay algunos temas que tienen que tener una resolución, porque la agenda de Naciones Unidas es lenta. Eso es un desafío y cada vez lo vemos más, porque en un tema tan urgente como el cambio climático los tiempos diplomáticos se vuelven muy lentos. Para darte una pauta: en 2007 se creó un proceso para llegar a un acuerdo en 2009 y eso fracasó. Entonces, en 2010 hicieron un nuevo proceso de cinco años para llegar en 2015 a armar el Acuerdo de París. En 2016 entró en vigor. Y en 2018 y 2019 se terminó de escribir el libro de reglas del Acuerdo de París. Después vino la pandemia, luego empezamos otra vez con toda la acción climática, veníamos muy bien en 2021, y después empezaron a suceder un montón de hechos que empezaron a atentar contra todo esto: la guerra en Ucrania, la guerra en Gaza, las elecciones de Trump… o sea, una seguidilla de hechos que están complicando mucho toda esta agenda. A lo que voy con esto es que los tiempos diplomáticos son lentos y que la agenda de una COP tiene plazos.

Activistas en la COP29
¿Y en la COP30 en particular?
Este año tienen que dejarse resueltos temas relacionados a financiamiento, adaptación y transición justa, es decir, transición de los sistemas para no dejar a la gente atrás en los cambios y la solución. Estos son los tres temas importantes de este año. En la COP29 era financiamiento, por ejemplo.
En esa COP29, ¿te parecieron razonables los 300.000 millones de dólares de financiamiento que se acordaron, a pesar de que la meta era llegar a un trillón de dólares?
El número siempre es problemático porque cada uno tiene su propio número. Yo a veces escucho a todos los que hablan de los números y la cuenta no me da. 300.000 millones es lo que propusieron todos los países del norte global para poner por año para todo el planeta. Y después otro país dice: ‘Yo necesito 30.000.’ OK, genial, entonces 10 países que necesitan 30.000 millones y se acabó el dinero. Y esto después lo tenés que ubicar en un contexto geopolítico en el que, mientras se negocia ese número, acaba de ganar Trump. También la ultraderecha en Alemania…
Entonces, ¿quién se compromete a poner plata sabiendo que Estados Unidos no la va a poner? El principal jugador de la Unión Europea está tambaleando, Macron en Francia se la jugó políticamente y le salió bien pero la ultraderecha está ahí golpeando la puerta… Ahora, hacer toda esta cuestión analítica es fría y no tiene en cuenta la otra parte de esto, y es que hay una ciencia que nos está diciendo que el tiempo se acaba.
Que los costos van a ser más altos, que tenés que poner más de un trillón de dólares al año porque sino no vamos a atender los impactos y los costos van a ser mucho más altos. Podemos hacer todo ese juego de análisis económico, financiero y geopolítico, pero hay una realidad: los impactos climáticos no saben de números. El clima no sabe de números ni de fronteras. Al cambio climático le importa muy poco si tenés la plata o no. Porque los huracanes siguen pasando más frecuentemente, porque las tormentas son cada vez más fuertes, olas de calor, sequías… está ocurriendo en todas partes del mundo. Eso es lo que se debate.
Los que están más del lado de la ciencia y el activismo, la gente que emocionalmente está más ligada a esto porque está cerca de los impactos, porque ven cómo se muere la gente y ve cómo se agrava la situación, te dice: ´No me pongas más excusas´. Porque un trillón de dólares los podés movilizar, porque los estás movilizando para la guerra. En lugar de comprar balas y cañones, ponelo en acción climática y en producir alimentos para la gente. Esa es la frustración que se genera en toda esta conversación.
¿Qué podemos esperar de esta COP30?
Si tengo que listar una serie de temas importantes, definitivamente lo de adaptación. Para mí, adaptación este año tiene que ser una parte importante. Es una parte que, además, siempre queda para después. Porque siempre hablamos de mitigación, de reducir emisiones, de los compromisos de los países, de dinero, de los mercados de carbono. Todo eso siempre se lleva las cámaras. Y adaptación siempre es la menos favorecida, porque no tiene rédito como la mitigación. Tiene probabilidad de ocurrencia, entonces quizás te preparás para algo que no ocurre. Es mucho más sexy hablar de tecnología, transición energética, los buenos de las renovables, los malos de los fósiles. Toda esa cuestión es mucho más atractiva en la conversación que hablar de que quiero construir una ruta un poco más alta por si llega a llover algún día.
Y, en realidad, la adaptación es fundamental y es muy importante. Porque cuando vos estés adaptado a los climas que se vienen, vas a tener que lamentar menos muertes. Vas a poder seguir operando sin mayores inconvenientes. No es que no los vas a tener, pero es tu garantía de que vas a seguir operando. Haciendo lo que tenías ganas de hacer, Entonces es importante. Tendría que cerrarse todo un capítulo de adaptación en la COP30.
¿Un capítulo que se abrió cuándo?
En el Acuerdo de París hay un objetivo global de adaptación. Y de ese objetivo global hay que generar diferentes indicadores que den cuenta del progreso para ir cumpliendo con el objetivo global. Este año tienen que cerrar ese capítulo, acordar esos indicadores y otras cosas más.
¿Notás una mayor y gradual presencia joven en las COP?
La verdad es que sí. Yo empecé con 20 años en todo esto. Y estaba bastante solo. Yo fui a la primera cumbre de jóvenes sobre cambio climático en el año 2005. Éramos 100. Éramos uno por país, con suerte. Hoy estás hablando de cientos, miles. Y a mí me da muchísima alegría eso. O sea, hoy estás hablando de que hay muchísima juventud involucrada. Y eso para mí está bueno.

Activistas protestan en la COP29
¿Qué rol tienen América Latina y el Caribe en la COP?
América Latina y el Caribe tienen mucho para dar. Siempre digo que son como la clase media del mundo: no tienen los niveles de pobreza de África o de algunos lugares de Asia, tampoco tienen los países más ricos. Por ese motivo ocurre que son los que menos plata reciben de todo el financiamiento que existe. América Latina y el Caribe no tienen ese nivel de recuperación económica a nivel mundial que quizás sí llega a recibir África, y entonces la gente empieza a pelearse por los fondos. Es triste, pero claro, como los fondos son pocos, todos se pelean para ver quién recibe la plata. Es una situación de los juegos del hambre: tiran un par de migajas y se matan entre los pobres para ver cuál se las queda. Si el financiamiento fuera suficiente, nadie tendría que pelear por acceder a los fondos. Y en América Latina, si los recursos fueran adecuados, se podría hacer un montón.
Porque es de las regiones que sería más fácil de descarbonizar ya que casi no hay carbón en el continente. Así podrías tener una región libre de carbón fácilmente. Hay muchísima energía hidroeléctrica, por ejemplo. Hay mucho desarrollo de energías renovables, muchísimo potencial. Ni hablemos del tema de biodiversidad, bosques, naturaleza, alimentos. América Latina tiene un potencial de recursos formidable. Todo eso es lo que tiene América Latina para darle al mundo, para ser autosuficiente, para progresar, para prosperar. Tiene mucho para ganar, y por eso está bueno que una COP ocurra en América Latina. Porque se le va a dar más visibilidad a eso también.
¿La elección de Brasil como sede va en ese sentido?
En realidad es algo que se tiene que dar. Se va rotando por continente. Pero siempre que una COP ocurre en un país, se pone el foco en la región. Es la oportunidad de la región para destacarse.
Desde su lugar, ¿la ciudadanía puede tomar acción en vistas a la COP30?
Sí. A veces es un tema que se siente lejano si uno no tiene nada que ver con eso. Sin embargo, hay una parte que es importante y tiene que ver con la atención sobre el tema. No nos olvidemos que no dejan de ser países los que negocian, consecuentemente son gobiernos, y los políticos también están sujetos a la opinión pública y a la presión social. Entonces, todo lo que tenga que ver con darle atención al tema es importante. Por eso también el rol del periodismo.
Dar a conocer esto para que la gente esté al tanto, para que sepa las cosas que están ocurriendo. A veces la gente puede hacer algo. Hay gente que conoce gente, hay gente que se moviliza. Esto tiene que ver con tomar conciencia, saber que esto está ocurriendo, que este evento tiene muchísima gente que participa, que hay gente importante, hay mucha atención. Que se sepa eso también genera una especie de contagio: si esto es tema, ¿cómo es tema para mí? ¿qué tipo de acceso tengo a mejor energía? ¿qué tipo de acceso tengo a un transporte de calidad? Tiene que ver conmigo. Porque después esos países de la COP tienen que volver y generar políticas públicas que lo representen.
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