Contaminación en el río Areco: un símbolo natural, cultural y social en peligro
Ubicado en la Provincia de Buenos Aires, Argentina, el río Areco sufre una alarmante contaminación que podría ser irreversible.
Ubicado en la Provincia de Buenos Aires, Argentina, el río Areco sufre una alarmante contaminación que podría ser irreversible.
El río Areco es un curso fluvial situado en el norte de la provincia de Buenos Aires, centro-este de la Argentina. Hidrográficamente constituye un afluente del río Baradero, un brazo del río Paraná inferior. Sin embargo, sobre todo, el río Areco es un cuerpo de agua que ha sido testigo y protagonista de la historia cultural de la ciudad de San Antonio de Areco y diversas localidades aledañas. Generaciones de arequeros han nadado, remado y pescado en sus aguas, haciendo del río un símbolo inseparable de la vida de sus habitantes.
Tanto a la vista de los propios vecinos como en estudios científicos realizados por el Conicet (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) en conjunto con la Universidad de San Martín, fue comprobado que el río está gravemente infectado: las cianobacterias conforman una capa verde flúor sobre el agua; hay presencia de agroquímicos; desechos industriales mal tratados; desechos cloacales; residuos urbanos; plaguicidas; y, como corolario, decenas de peces muertos.
La fuerte contaminación que lo azota no solo pone en peligro el ecosistema local, sino que también amenaza la identidad cultural de una comunidad que históricamente ha girado en torno a sus aguas.
“Cada vez que salían del agua tenían irritaciones o algunas erupciones en la vista y el resto del cuerpo”
La impactante imagen de los peces flotando en el río Areco, que ocurrió por primera vez en 2022 (y volvería a ocurrir varias veces más hasta la actualidad -en 2024 hubo al menos cuatro grandes mortandades-), marcó un antes y un después en la sensibilización de una comunidad sorprendida por esa surreal escena.
Para algunos vecinos, sin embargo, el punto de quiebre fue en 2008. Incluso, la cronología podría irse más atrás en el tiempo, a principios de los 2000, con las advertencias y estudios que ya hacía en aquel entonces Roberto Fernández, un veterinario de Areco que siempre estuvo muy involucrado en el cuidado ambiental.
Pero el año 2008 fue paradigmático porque ahí aparecieron, por primera vez en la historia de un pueblo que se fundó en 1730, carteles con la indicación: “Prohibido bañarse”. A partir de entonces, se suspendieron los torneos de natación, las carreras de kayak y toda actividad recreativa que implicara meterse en el agua.
Con el tiempo, parte de la comunidad no dejó de zambullirse, pero los efectos nocivos del río Areco se impregnaban como prueba cabal de su contaminación. “Cada vez que salían del agua tenían irritaciones o algunas erupciones en la vista y el resto del cuerpo”, cuenta Lucrecia, vecina, sobre lo que les pasaba a algunas personas.
Horacio, otro vecino, añade: “Nos gustaba ir a nadar y ahora cada vez que salís del río, salís con una peste. O te duele la cabeza, o los ojos, o el oído. Siempre salís con algo”.

Créditos: gentileza: documental Voces de río
La comunidad organizada, en busca de respuestas a la contaminación del río Areco
Estas expresiones de los habitantes de San Antonio de Areco se suceden una tras otra en Voces del Río, un documental que busca visibilizar la problemática exponiendo cómo las malas prácticas agrícolas e industriales ponen en riesgo la salud del ambiental y de las comunidades.
Esta obra colectiva, dice la sinopsis del registro audiovisual, es un grito de resistencia y un llamado urgente a proteger el río y la identidad de un pueblo que se niega a perder sus raíces. Sebastián García, su director y también vecino del pueblo, destaca el fuerte impacto que tuvo en la comunidad.
“Sentimos que despertó esa sensibilidad o esa fibra emocional que queríamos que despierte, para que sea un reclamo de toda la sociedad hacia los dirigentes”, dice.
Sebastián recuerda que el documental tuvo un efecto inmediato, con una rápida viralización, muchas reproducciones y un boca en boca que recorrió todo el pueblo. Empezaron a llegar comentarios, firmas e interés por la causa. Esa disposición de los vecinos era una muestra ineludible de que el cuerpo de agua despertaba un cariño genuino como para dejarlo morir lentamente sin hacer algo al respecto.
Además de acciones como las del documental, en San Antonio de Areco ya existen algunas organizaciones movilizadas en torno a la problemática, como la Asamblea Socioambiental SADA, que ha trasladado el caso a la mesa del gobierno local pero no lo atendieron. “Lo más triste es la no respuesta, o el no interés, o la no preocupación por dar la cara o resolver la situación. Porque nadie acá está culpando a nadie. Es tu responsabilidad también como funcionario”, sentencia Sebastián García.
“100% de letalidad”: la investigación científica calificó el estado del río como marginal
A partir de las secuencias repetidas de mortandad de peces, un grupo de investigación de ecotoxicología de la Universidad de San Martín, en conjunto con el Conicet, llevaron a cabo estudios de la calidad del agua del Areco.
El objetivo era analizar el impacto que tenían las actividades humanas en ella, y para ello se realizaron muestreos en 13 puntos distintos.
Algunos de ellos fueron: la desembocadura del arroyo Tatay, que tiene un frigorífico que vierte efluentes; el Paso de las Carretas, donde hay una zona agrícola; el Puente Viejo, la zona urbana del pueblo; un canal de desagüe pluvial que pasa por dos frigoríficos y la planta de tratamiento de efluentes municipal.
Los resultados fueron extremadamente preocupantes, estableciendo la calidad del agua en la categoría de “marginal”. Se encontraron:
- 49 agroquímicos diferentes, incluyendo herbicidas, insecticidas y fungicidas. Hasta 31 agroquímicos en una misma muestra de agua.
- 5 metales pesados que exceden los límites permitidos por la Ley de residuos peligrosos (Ley 24.051)
- Niveles de nitrito y amonio que superan en todos los puntos de muestreo los niveles guía de protección de la vida acuática y fuente de bebida humana (Ley 24.051).
- Altos niveles de fosfato vinculados con actividades tanto rurales (uso excesivo de fertilizantes) como urbanas (desechos cloacales mal tratados).
- Deficiencia crítica de oxígeno que amenaza la biodiversidad y provoca la muerte de especies en todo el cauce del río.
Un panorama alarmante
En la investigación también expusieron a larvas a las muestras de agua y sedimentos. Todas y cada una de las veces que lo realizaron, los resultados arrojaron niveles de mortalidad significativos.
La mayor incidencia de mortalidad, además, se detectó en el muestreo de agua del punto del arroyo Tatay, desembocadura que sufre los efluentes de un frigorífico de la zona. “Los primeros minutos de exposición causaron el 100% de letalidad”, señala el informe.
Para Nahuel Pallitto, vecino y biólogo de San Antonio de Areco, el panorama es tan claro como alarmante. “La conclusión es que al río lo estamos matando y que la situación va a ser cada vez peor”.
Y agrega: “Plaguicidas, cianobacterias, peces muertos, inundaciones. Si no cambiamos nuestra forma de habitar el lugar en el que vivimos, lo vamos a terminar de matar y al ambiente lo vamos a terminar de degradar de manera irreversible”.
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