Conoce a la comunidad de Guatemala que impulsa viveros como estrategia contra el cambio climático
La Mancomunidad Sureña (Masur), que agrupa a cuatro municipios de la costa sur de Guatemala, creó un modelo de acción climática local.
La Mancomunidad Sureña (Masur), que agrupa a cuatro municipios de la costa sur de Guatemala, creó un modelo de acción climática local.
En la costa sur de Guatemala, cuatro municipios (Escuintla, San José, Iztapa y La Democracia) han conformado una Mancomunidad MASUR que desde hace casi una década impulsa acciones concretas frente al cambio climático.
Con una población cercana a los 300 mil habitantes y un territorio de más de 900 kilómetros cuadrados, esta alianza territorial ha logrado implementar proyectos de restauración forestal, gestión de residuos sólidos, eficiencia energética y reducción de emisiones por quema de leña.
Uno de los pilares de este proyecto fue la creación y fortalecimiento de viveros forestales municipales, obligatorios por ley en Guatemala. Gracias a un Capital Semilla obtenido de Fundación Avina, se dotaron de insumos como bombas, mallas y sarán, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de las plantas.
Fue el primer paso y uno fundamental, ya que los viveros funcionan como bancos de árboles que luego se distribuyen en comunidades, márgenes de ríos y zonas agrícolas.

El rol vital de los viveros forestales de MASUR
Allí, la participación comunitaria fue clave: los vecinos se involucraron en jornadas de plantación, recibieron capacitación y accedieron a especies frutales y forestales. En Iztapa, por ejemplo, hicieron un vivero donde plantaron unos 30 mil arbolitos de mangle. En otros municipios como San José se priorizó la entrega de árboles frutales como limón, ananá o naranja, fomentando así la soberanía alimentaria.
La junta directiva está compuesta por alcaldes y concejales de los 4 municipios miembro. En la gerencia, Carlos Telón, referente de esta iniciativa en MASUR, explica que, a medida que fueron consolidándose los viveros, otras instituciones comenzaron a interesarse en formar parte del cambio de paradigma ecológico que se había puesto en marcha.
ONGs, instituciones del gobierno (como el Instituto Nacional de Bosques) y también privadas (como el Instituto privado de Cambio Climático), universidades y asociaciones se sumaron a colaborar. También ingenios azucareros, un actor de peso y preponderancia en la zona. “Todo el territorio es mayormente cultivo de caña, por lo que trabajamos con ellos para la restauración de los márgenes de los ríos”, explica Carlos.
Según cuenta, la restauración forestal es uno de los frentes más fuertes sobre los cuales trabajan. El otro es la gestión de los residuos, quizás el tema más complejo sobre el cual accionar. Ambos fueron abordados tras un inventario realizado y un posterior plan de acción climática, en el que identificaron tareas de adaptación y mitigación.
Plantas de segregación y estufas ecológicas
Para los residuos, Carlos detalla que “hay dos plantas de segregación en construcción y otra que tiene el estudio de prefactibilidad y será más grande, para recibir los residuos de todos los municipios”.
El proyecto cuenta con el apoyo del Banco Europeo de Inversiones, WWF e ICLEI. La implementación de las plantas de tratamiento de residuos no solo busca reducir las emisiones, sino también atacar su consecuencia directa en la salud humana.
“Esto lleva una repercusión en nuestros habitantes y la reducción de enfermedades causadas por los gases que esta basura proporciona en el ambiente, por la contaminación de los ríos y por la contaminación en el suelo”.
Otro eje es la reducción de emisiones por quema de leña, instalando estufas ecológicas en hogares vulnerables. Se trata de un plan piloto: se instalarán 80 estufas en total, 20 por cada municipio. “Depende de cómo veamos los resultados de la evaluación seguiremos trabajando en ello”.
Además, la eficiencia energética también forma parte del enfoque integral. La empresa privada que abastece de electricidad a la región ha contratado un 67% de energía proveniente de fuentes renovables.

“Hay que buscar, hay que gestionar, hay que participar”
MASUR también trabaja con otros actores claves en el enfoque ambiental de la comunidad, como lo son las escuelas y los jóvenes. La educación ambiental y la participación temprana son fundamentales para la concientización en el tejido social, y por eso es que está trabajando con UNICEF en su programa “Municipios resilientes”.
Carlos Telón sostiene que el modelo es perfectamente replicable en otros territorios, pero para eso es necesario voluntad política y técnica: “Depende de las prioridades de cada Mancomunidad decide tomar en sus acciones”. Y más allá de los avances, reconoce: “Somos muy pocos los que participamos en estas plataformas donde uno puede ser visibilizado.
Sin embargo, está seguro de cuál es el camino a seguir: “Hay que buscar, hay que gestionar, hay que participar, hay que hacer acciones para que también las entidades miren que uno no solo está pidiendo, sino que también está trabajando en el territorio”.
Otras publicaciones recientes
Las energías renovables se convirtieron en la fuerza impulsora del sector eléctrico en 2025
Durante los primeros trimestres de 2025 las energías renovables abastecieron la demanda de electricidad de todo el planeta.
Incendios forestales en Chile: devastación ambiental en medio de la crisis climática
En enero de 2026, los incendios forestales en Chile han cobrado vidas humanas y están dejando un profundo impacto ambiental.




