Bo-tito Ecoguardián: un juguete hecho de envases de plástico reciclado que busca concientizar
Hace 10 años dos emprendedores argentinos crearon un juguete hecho de envases de plástico que ya cumplieron su vida útil.
Hace 10 años dos emprendedores argentinos crearon un juguete hecho de envases de plástico que ya cumplieron su vida útil.
Decir que Bo-tito Ecoguardián es un juguete sería limitar demasiado todo el impacto que tiene esta creativa idea que llevan adelante José María Rodríguez y Daniela Czajkowksi, una pareja de argentinos, junto con su equipo. Bo-tito Ecoguardián está hecho de envases de plástico que ya cumplieron su vida útil. En estos 10 año que llevan de vida ya han rescatado más de 12 toneladas de plástico. Una cifra descomunal si se toma como referencia que, por ejemplo, una tapita de botella pesa solo 2,8 gramos. Es el equivalente a seis piletas olímpicas de natación, una arriba de la otra.
En realidad, este muñeco fabricado con plástico en desuso es, fundamentalmente, una experiencia. Solo así es posible comprender que sea utilizado tanto por niños como por ancianos; que lo usen terapeutas con sus pacientes; escuelas con alumnos; hogares de tercera edad o que los tengan coleccionistas en sus anaqueles.
José María Rodríguez explica con pasión las tres características fundamentales que tiene esta (suerte de) juguete. “Está hecho con plástico recuperado, es reciclado y es reciclable”. Pero agrega una más. “También es reparable. Porque el repuesto de Bo-tito está tirado en cualquier hogar. En cualquier lugar del planeta”.
Una experiencia ecológica y pedagógica
Esa es la impronta que sus creadores buscan darle al producto. La autonomía de un muñeco que puede fabricarse de manera independiente (de hecho, además de venderlo entero también lo venden desarmado con un kit de instrucciones para armar), y cuyo impacto radica en la potencia de la educación: “El juego es la forma más rápida de aprender”.
Con una mirada pedagógica del producto como columna vertebral del proyecto, apuestan a que el juguete de plástico sea una oportunidad de aprendizaje horizontal entre todas las generaciones.
Actualmente, el proyecto experimenta un boom. En la empresa trabajan 10 personas directas, pero el trabajo con las ONG los lleva a emplear unas 80 personas de forma indirecta. Dan talleres y cursos en escuelas, donde buscan estimular la conversación sobre la problemática del plástico. “El robot es un pretexto para empezar a charlar sobre temas que hoy son crisis”, dice José María.
Nacido en el litoral argentino, nuevos horizontes se cocinan en el futuro: Chile, Uruguay, Colombia, México, España y Francia ya mostraron interés por esta innovadora propuesta.

¿De dónde surge la idea de Bo-tito Ecoguardián?
Nosotros siempre estuvimos atravesados por temas que tienen que ver con la resignificación de los materiales de descarte. Descubrimos una encuesta que decía que a 8 de cada 10 argentinos no les interesaban los temas que tenían que ver con ecología. Pero no eran desinteresados porque sí, sino porque no tenían información para educarse al respecto, para saber cómo involucrarse. A
hí estuvo la clave: en la educación. Dijimos: “Si no tienen elementos, el producto que nosotros vamos a hacer tiene que ser educativo”. Porque realmente la idea era educar. ¿Por qué pensar en un objeto como un juguete? Porque el juego es la forma más rápida de aprender.
Empezamos a analizar todo y veíamos que el PET ya tenía su propaganda de rescate, las tapitas de botella también -de hecho, nosotros les compramos tapitas al Hospital Garrahan-. Hasta que nos detuvimos en el plástico de un solo uso que teníamos en casa. Miré un envase vacío y me pregunté: ¿qué se hace con este cuerpo? Y luego pensé: ¿y si creamos un muñeco? Para mí tenía que ser un robot.
¿Por qué un robot?
Porque el robot es atemporal, no tiene cuestiones de género y todos, en algún momento, de los 0 a los 99 años, hemos deseado que un robot nos reemplace en algo.
¿Y eco-guardián por qué?
Porque Bo-tito en su estructura tiene tres cuestiones de diseño que son: 1) Las partes se notan a simple vista que están hechas con plástico que vos descartás en tu casa. 2) Todos tienen facciones amigables, no hay ni malos ni buenos. Puede haber más serios o más divertidos, pero no hay buenos y malos. 3) Bo-tito no tiene armas, porque es un eco-guardián. El arma de Botito es transformar la conducta de consumo.
¿Podríamos decir que transformar la conducta de consumo es la función de Bo-tito Ecoguardián?
Exactamente. Y resignificar el plástico como materia prima de consumo. Creo que, hoy en día, es el único objeto que a simple vista te hace comprender la economía circular. Cuando nosotros vamos a las escuelas, para explicarle la economía circular a los más pequeños, se lo hacemos muy simple. Les decimos: “En Bo-tito Ecoguardián ninguna tapa, tapa. Y ningún envase, envasa”.
Te está diciendo que todos estos elementos que fueron creados con un fin, nosotros los transformamos y se los devolvemos al mercado de consumo hecho un objeto. Alguno me dirá que no hacemos desaparecer el problema del plástico. Pero nosotros no estamos en contra de su prohibición. El plástico no es malo. En cambio, estamos a favor de la educación, porque transforma y comunica, y así replica y multiplica.

¿Qué tipo de clientes compra el producto?
En nuestras tiendas lo que van a encontrar es un robot armado que muestra nuestro arte. Ya está ensamblado, no se desarma, está bien y mucha gente lo compra como un objeto icónico porque le interesan los temas de equipamiento, le gusta el producto. También hay muchas psicopedagogas que los compran para tener conectar con los chicos y desarrollar actividades. Tenemos clientes que los coleccionan. Hay un señor que tiene una vitrina repleta con 26 Bo-titos. También tenemos muchas historias locas.
¿A ver?
Una vez fabriqué un robot para una abuela. La abuela se compró una mesa, la puso al lado de la ventana y sentó al muñeco ahí. Hasta le puso nombre. Todas las tardes tomaba el té en la mesa con el Bo-tito. Cuando fue su nieto a visitarla, quedó maravillado con el muñeco y lo quiso a toda costa. Ella, voluntariamente, se lo regaló. A la semana la abuela decayó significativamente. La psicóloga decía que había sufrido una pérdida.
Los hijos no entendían, hasta que se dieron cuenta de que lo que le faltaba era el robot. Vinieron corriendo a verme, preocupados. Me consiguieron los elementos y yo le fabriqué uno igual. Una semana después, la abuela tuvo hasta mejoras de presión arterial. Con esa experiencia vivida, decidí dar un taller en un hogar de ancianos y tuvo el mismo efecto: ahora lo están usando como un muñeco de apego.
Quién lo diría
Una vez me preguntaron qué se sentía ser dueño de Bo-tito. Yo no me siento dueño de Bo-tito. Me parece que es una experiencia para compartir. Hoy se está usando en Cámara Gesell el robot. O hay muchos jóvenes que se mueven de ciudad para estudiar y me lo piden. Es una experiencia para compartir, por eso nosotros aparte del robot terminado también ofrecemos un kit para armarlo, y con eso buscamos que la gente aprenda el método para fabricarlo.
¿Entonces qué edades pueden usarlo?
Desde los 3 hasta los 99 años. Le gente cree que vendemos un muñeco y nosotros vendemos una experiencia. La gente cree que los chicos son nuestros clientes pero no. Una vez me dijeron que qué bueno que demos muñecos para los chicos que más lo necesitan. Le dije que no, que no, que estaban muy equivocados.
Si yo le muestro un botito a un chico, sea el niño más rico de Dubái o el más pobre de Haití, los dos lo van a querer y lo van a necesitar con la misma pasión. Si me pongo un poco más comercial, nuestros clientes son ONG o municipios que necesitan una herramienta para educar para un mundo mejor. Pero nosotros no tenemos clientes, tenemos aliados.
¿Qué ventajas trae trabajar la conciencia ambiental en edades tempranas pensando en el futuro?
Es fundamental. Yo tengo más de 50 años y mi generación creció creyendo que toda la producción era finita, hasta que se encontró con la palabra “sostenible”. A veces doy talleres a chicos de 5, 6, 7 años y algunos me dicen que los chiquitos no entienden.
¡Sí que entienden! Fijate que yo aprendí a usar el cinturón de seguridad en el coche por la insistencia de mi hija. Ella tuvo educación vial, algo que yo nunca tuve, y cada vez que me subía al auto ella me decía: “Papá, te tenés que poner el cinturón”. Hoy yo estoy solo en el coche y me siento desnudo si no me pongo el cinturón. Ellos me enseñaron.

Es un ciclo que no va de arriba hacia abajo sino de abajo hacia arriba
A partir del muñeco de apego para la tercera edad, yo quería hacer un taller experimental en el que los adolescentes fabricaran un robot y se lo regalaran a los abuelos. Si la sociedad le regala cosas a los chicos, ¿qué pasa si son los chicos los que empiezan a regalar a la sociedad? ¿Cuánto se rescataría en esa experiencia? ¿Qué importancia le empezaríamos a dar a las acciones de los más pequeños?
¿Qué tipo de plásticos usan?
Todo el plástico que esté presente en casa. Con los envases que son amorfos, como uno de lavandina, hacemos la manito del robot. Pero a todo le damos utilidad. La idea de esto justamente es que quien tiene un Bo-tito, se dé cuenta. Muchas veces las personas lo tienen en la mano y se llevan una sorpresa al descubrir las tapas, los envases.
Empiezan a tener otra mirada
A la gente, cuando terminamos de dar un taller, les decimos que a partir de ahora son ecoguardianes. Siempre les digo: “Vayan a un supermercado. No compren nada. Pero los invito a que vayan a un supermercado y observen los anaqueles o los estantes”. Dejan de ver el producto. Empiezan a ver cabezas, cuerpos, patas. Eso es mágico.
¿Dónde consiguen el plástico que utilizan?
De tres maneras. Una, donación espontánea. Mucha gente nos dona. Dos, le compramos a organizaciones que se dedican a juntar plástico. Y tres, trabajamos con descartes de la industria plástica. Ahora tenemos un montón de envases de una empresa a la que le salieron mal todas las roscas. En vez de tirarlos, nos lo dan.
¿Qué te imaginás del robot en un futuro?
Que no exista más. Porque el día que Bo-tito deje de existir, significa que los consumidores encontramos el mensaje para ser más coherentes en el uso del plástico.
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